Todos queremos cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. Recuerdo que escuché decir al doctor Benjamín Fernández Bogado que nuestra vida transcurre en un metro cuadrado sobre el cual tenemos autonomía.

Pero, antes de ahondar, recordemos lo siguiente: si un derecho no se ejerce, termina por desaparecer. Esto podría parecer una consideración radical, sin embargo, la realidad indica que en nuestro país sirve de muy poco que haya leyes de primer nivel, instituciones con espíritu de servicio y órganos garantes con total autonomía, si no existe la participación de una ciudadanía activa que ejerza y demande sus derechos.

Es esta apatía la afecta en temas como la transparencia y el derecho de acceso a la información, ya que los ciudadanos tienden, por mucho, a considerar prioritarios problemas como el desempleo, la inseguridad, la violencia y la pobreza. Así, suelen dejar en segundo plano exigir la rendición de cuentas a sus gobernantes.

En gran medida, esto se debe a la falta de promoción de la cultura de la transparencia, así como al desconocimiento que el ciudadano tiene respecto a estos temas, puesto que habría que dejar en claro que la transparencia y el acceso a la información no se reducen a saber cuánto gana mensualmente el gobernador del Estado o el presidente de la República. Es una garantía que sirve para ejercer otras garantías y resolver problemas de la vida cotidiana.

Necesario se vuelve el motivar la participación de la ciudadanía e involucrarla en la fiscalización del gobierno. Imperativo conseguir que la administración pública considere la transparencia como un valor institucional y no un mero requisito que le impone la ley. Imprescindible exponer los beneficios burocráticos que conlleva una administración transparente y ordenada. Forzoso exigir un empuje organizacional para mejorar la calidad de la información y de los archivos. E inexcusable permitir prácticas burocráticas para eludir solicitudes.

La mayoría de las veces, cuando pensamos en participación ciudadana, evocamos la idea de ciudadanos organizados, de mecanismos para participar en las políticas públicas y de una sociedad comprometida con el bien común. Sin embargo, más allá del dogma y la idoneidad, implica un estilo de vida que puede aplicarse a todas las situaciones.

Que la participación ciudadana se inicia al aplicar una pequeña fórmula que consiste en crear metros cuadrados, fue otra afirmación del doctor Benjamín Fernández Bogado. Metros cuadrados de ciudadanos donde se practiquen los mejores valores y principios, donde se busquen las mejores prácticas desde los distintos ámbitos de desarrollo.

Parece que esta es la forma más sencilla y efectiva de asumir el compromiso de participar. Hacer que en nuestro metro cuadrado no exista la violencia, no pase la corrupción ni la mordida, que no haya lugar para la discriminación, que no se tire basura, que pensemos en positivo. Que nuestro metro cuadrado sea un mejor lugar para vivir.

Por: Manuel Silva Coache.

Twitter: @msilvacoache